La lucha mundial de las masas: El rescate de la soberanía nacional y el rechazo de las políticas intervencionistas
Carlo
D’stefano Martínez F.
Estudiante Ciencia Política Universidad Nacional de
Colombia
Consejero Local de Juventud Fontibón 2011-2014
Actualmente el mundo atraviesa una serie de convulsiones políticas, sociales y culturales, que no son más que la expresión de la naturaleza cíclica de la crisis propia del modelo económico actual. En este contexto de crisis constante, la soberanía y la autodeterminación de los pueblos entran en constante choque con los intereses de las grandes multinacionales.
La crisis económica europea se arrecia cada vez más, creando un descontento social de tal magnitud que las incluso las fuerzas públicas en Alemania se han decidido en varias ocasiones a apoyar al pueblo y darle la espalda a las medidas de austeridad promovidas por los organismos multilaterales –que curiosamente sólo sirven a los intereses del capital financiero-. El panorama es tan oscuro, que incluso las autoridades de estos mismos entes –el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial- han afirmado, con palabras menos, que la situación es insostenible y que la caída libre del capitalismo financiero es imparable. Esto resulta claro para la población europea, quien ha inundado las calles con sus ansias de cambio y su inconformismo contra los gobiernos que salvan bancos y reducen el gasto en educación, salud, pensiones, salarios, etc.
Similar es la situación en Estados Unidos, en donde el presidente Barack Obama ha decidido tender la mano a las multinacionales y pisar los dedos de la sociedad que se encuentra colgando al borde de un abismo hacia una crisis sin precedentes. En el país norteamericano, igual que en el viejo continente, las masas no han esperado para hacer escuchar sus gritos de reclamo, buscando que el gobierno vuelva su mirada hacia ella, y deje de coquetearle a los monopolios productivos y financieros mundiales.
Éstos, buscando mano de obra barata, recursos naturales, y nuevos mercados, utilizan algunos gobiernos de turno, como el de Colombia, para blindarse ante la crisis. Solo así se puede entender realmente la situación en el Medio Oriente. La invasión norteamericana en la región pérsica, aunque quiera mostrarse así, no ha sido para el establecimiento de la democracia, sino para asegurar el dominio sobre un territorio estratégico no sólo por su ubicación, sino también por sus recursos. Para dar algunos ejemplos, eso sucedió en Irak, Afganistán, Libia; y está por suceder en Siria e Irán. El conflicto sirio es avivado por la injerencia del gobierno gringo que brinda armamento y entrenamiento a los rebeldes, lo que no puede ser otra cosa que la intentona de un gobierno marioneta allí. La situación con Irán es cada vez más tensa, ya que poseer el estrecho de Ormuz, por donde pasa más del 70% del petróleo mundial, es una prioridad para la potencia que ve necesaria ya una transfusión de sangre negra y planea invadir el país pérsico. No obstante las pretensiones imperialistas, Irán ha iniciado ya sus pruebas militares en el Mar Arábigo y muestra su poderío armamentístico, que sin duda usará en caso de una incursión extranjera. Y no lejos de allí, en Palestina, la invasión sionista dio un paso más en su cruenta arremetida por conquistar territorios que no le pertenecen, por su puesto, con el fin de asegurar los recursos y con el beneplácito de EEUU.
La explicación de esto es que las grandes potencias se hacen a territorios y recursos ajenos con tal de proteger el modelo económico que hace que las grandes multinacionales y corporaciones sigan parasitando y la sociedad sumiéndose en la miseria, la pobreza y la desigualdad.
Estas confrontaciones políticas y posiblemente militares, podrían cesar en dos casos: uno, si el modelo económico sale avante y ve innecesaria la injerencia en los asuntos internos de los países y respeta la autodeterminación de los pueblos –lo cual constituiría una incoherencia en su interior-; o dos, si los pueblos por medio de la resistencia civil y la lucha democrática logran reclamar su derecho al autodeterminación y logran sacar de sus asuntos el entrometimiento extranjero. Aunque solo la segunda opción parece ser la solución, por ahora el capitalismo financiero ha logrado mantenerse a flote y su rumbo es incierto.
Colombia no está aislada de este contexto, y el gobierno Santos –como lo hizo Uribe- se ha puesto del lado imperialista y dado la espalda a la población colombiana, y dará la venia a las privatizaciones, la inundación de mercancías, y la invasión del capital financiero, y estará dispuesto a adecuar el país a los intereses monopolistas, tal como lo ha intentado con la reforma a la ley de educación superior y la reforma al a justicia, como lo intenta ahora con la reforma tributaria y la extranjerización de tierras rurales, y como lo hizo ya con la firma del TLC con Estados Unidos y otras disposiciones que tienen que ver con la “Locomotora” minero-energética.
El Polo Democrático Alternativo ante estos hechos internacionales y nacionales ha declarado y ejercido la oposición a las políticas imperialistas y ha acompañado la lucha de los cafeteros, arroceros, lecheros, corteros, usuarios de transporte público, usuarios de servicios públicos, industriales, empresarios, ganaderos, estudiantes, trabajadores, campesinos, mujeres, víctimas, y otras más. El PDA ha acompañado y acompañará estas discusiones no sólo desde el Congreso de la República, sino que lo seguirá haciendo desde las calles, centros académicos, barrios y donde pueda.
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